Por fin, tras muchos intentos de quedar fn de semana tras fin de semana este pasado sábado día 20 pudimos jugar el desenlace de la primera aventura de la campaña de 7º Mar que vengo jugando con mis muy ocupados amigos salmantinos.
La partida en sí fue bien, no tanto como la última -que tuvo un final apoteósico- pero mantuvo bastante bien el ritmo y la acción no decayó en las ocho horas (incluída la comida) que pasamos jugando. Tras unos instantes iniciales de duda recordando como terminó todo la última vez y rememorando las bases del sistema (que jugar de tanto en tanto tiempo es lo que tiene, que se olvida) los personajes se dirigieron a la mansión de Fleur de Lys buscando que su hija les contara (por las buenas o por las malas) el paradero de su padre. Tras infiltrarse en una fiesta para los nobles locales que se celebraba en la mansión de la susodicha lograron arrinconarla en una habitación y tras capturarla quemaron la mansión (lo que les gusta a estos chicos quemar cosas).
A partir de aquí todo se sucedió más rápido, en pocos días contactaron con la sociedad de los exploradores quién, a cambio de un favor futuro, se encargaria de llevarles a Charousse y a enviar a la hija del noble hasta Altamira donde sería un valioso rehén para la causa castellana. El viaje hasta Charousse fue sencillo y, salvo un pequeño encuentro con unos soldados enemigos, no tuvo mayores problemas pero una vez en la capital todo se complicó: entre que nadie sabía hablar el idioma local y no sabían por donde empezar a buscar pasaron varios días vagando sin rumbo fijo hasta que consiguieron entrar a servicio -como guardaespaldas- de un noble local y, a partir de ahí, proseguir con las investigaciones. En el proceso Dominique du Monteigne les contactó -sentando las bases de la próxima aventura que jugaremos que será la campaña de La Cruz de Erebus- y a cambio de su futura ayuda les llevó hasta una entrada secreta a la mansión de Fleur de Lys donde un violento encuentro entre los personajes, el noble y su confesor -el padre Estefano, un inquisidor- se saldó con los jugadores huyendo del inquisidor tras haber rescatado a Hans Gefleck y derrotado al noble montaignes.
Como siempre digo, una buena partida, no de las mejores que he jugado, pero últimamente de las únicas.
Voy a seguiros. Os haré dar rodeos por ciénaga, mata, espino y chaparro. Caballo unas veces, otras seré perro, oso sin cabeza, cerdo y fuego fatuo que relinche, ladre, ruja, gruña y arda cual caballo, perro, oso, cerdo y llama.
