El pasado lunes me llamó mi amigo David Yáñez para preguntarme si quería participar en su próximo cortometraje “Las tierras baldías” que era una continuación de “El errante” rodado hace algunos años. He de decir que en un principio no me apetecía una mierda, hace años que no le ayudaba en ninguna película y trabajar en cine es cansado, muy cansado, pero cuando me dijo que tenía productora, unas localizaciones cojonudas y al actor perfecto para el papel me dije que coño, es uno de mis mejores amigos y finalmente acepté.
El jueves por la tarde me recogió y juntos hicimos los casi 400 km que separan Cáceres de Cádiz. En un principio todo pintaba bien, el alojamiento un poco cutre pero lo importante era el corto. Sin embargo al amanecer del primer día de rodaje todo fue de mal en peor: el sonidista falló, no teníamos todo el atrezzo necesario, la producción era nefasta y, para más inri, hacía un calor del carajo.
El caso es que tras tres días de rodaje por fin estoy en casa y no puedo decir que las cosas hayan salido bien. Tenemos bastante material grabado pero no es especialmente bueno y ha habido que improvisar demasiadas cosas sobre la marcha lo que en nuestras antiguas producciones (La película sin título, Jugar según las reglas y El comando Baker) estaba bien pero que para el nivel de profesionalidad con el que se suponía que ibamos a trabajar no es aceptable. Entendámonos, por mí no hay ningún problema: he pasado un fin de semana cojonudo (un poco caluroso, pero bueno) con uno de mis mejores amigos al que últimamente veo más bien poco y lo he hecho dando rienda suelta a uno de mis hobbies, pero ese es el problema, que para mí es un hobby y no me mata el fallar pero para Yáñez y, en principio, para la productora es un trabajo y desde luego la parte de producción no ha sido capaz de dar lo que se esperaba de ellos.