Categoría: Cine

En primer lugar decir a todo el mundo lo mucho que recomiendo ir a ver Avatar al cine, y no voy a añadir el y si puede ser en 3D que es la repanocha que añade todo el mundo porque a mí el 3D la mayor parte de las veces lo único que consigue es marearme y el resto del tiempo sencillamente me olvido de él porque no me interesa. La verdadera virtud de Avatar no es el 3D ni sus efectos especiales -que eso sí, consiguen recrear una atmósfera alienígena de una belleza incomparable- ni su histora -que siendo muy sólida y estando muy bien contada no es ni más ni menos que una mezcla de Bailando con Lobos y Braveheart- sino su capacidad de emocionar que tiene y en grandísimas dosis junto con su capacidad para hacer soñar y divagar sobre las implicaciones morales de una ecología tan interrelacionadas.

Y una vez dicho esto pasamos a lo que quería decir: durante la ilustración Jean-Jacques Rousseau defendió con uñas y dientes el mito del buen salvaje, un mito que de una forma u otra lleva con nosotros desde que pasamos a considerarnos civilizados y alejados de la naturaleza y que, a grandes rasgos, viene a decir que los pueblos salvajes, preagrícolas, preurbanos -o como quieras llamarlos- carecen de maldad pues el hombre es bueno por naturaleza siendo la sociedad -y más concretamente nuestra sociedad actual (la actual del que habla, por supuesto, sea Rousseau, los teólogos de la escuela de Salamanca en el siglo XVI o el vecino del quinto hace 3 días)- la que le inculca todos los vicios y lo hace malo. Del mito del buen salvaje se desprende que antes de establecer esta malvada sociedad capitalista el hombre vivía en paz y armonía con la naturaleza en un equilibrio perfecto que habría durado por siempre jamás (el concepto de entropía resulta absurdo pues, desde este concepto) y muchas tesis del movimiento ecologista moderno han partido de este razonamiento para defender la conservación del medio ambiente (lo que ha causado mi total ruptura con ese movimiento, lo siento, sin la ciencia de por medio para mí no vale).

El caso es que cuando llevaba media hora escasa de Avatar me di cuenta de que estaban por enésima vez colándome el mito del buen salvaje y me cabreé mucho durante aproximademente medio minuto, lo que tardó James Cameron en justificarme el mito. En Pandora la hipótesis Gaia de James Lovelock no es una forma de entender un sistema en equilibrio sino una realidad plausible, los Na’vi y todas las demás criaturas animales y vegetales de Pandora pueden interconectar sus sistemas nerviosos formando una red neural enorme que abarcaría a todo el ecosistema planetario (vale, técnicamente sólo sería la biocenosis, pero todo el mundo sabe que los seres vivos son lo que más mola de un ecosistema, el bitopo no mola ni la mitad) convirtiéndolo, desde cierto punto de vista, en un único organismo (que se defiende cuando es atacado por los abyectos humanos capitalistas blancos occidentales).

Así, y pese a que creo que la intención de Cameron era totalmente contraria a lo que voy a enunciar ahora, Avatar defiende con uñas y dientes la inexistencia del buen salvaje pues, para que este se de, se necesita una interacción profunda a un nivel que sólo somos capaces de imaginar, jamás de comprender. En este mundo sólo conocemos un método de domar a un caballo, a palos (realmente es una combinación de palo-zanahoria, pero creo que se me entiende), lo de acercarse al bicho y susurrarle sólo funciona si puedes conectar tu sistema nervioso con el suyo como en la peli.

PD.: A nadie más le ha extrañado que si todos los animales de Pandora parecen tener tres pares de extremidades, dos pedúnculos nerviosos que pueden mover a su voluntad y dos pares de ojos (uno de ellos más chiquitín) los Na’vi sólo tengan dos pares de extremidades, un único pedúnculo carente de motricidad y un sólo par de ojos. Algo huele a podrido en el árbol evolutivo de Pandora.

Everything is awesome.

Fundamentally.

from the Epic Sex Poem,

by Bickford Shmeckler

De vez en cuando uno se topa con pequeñas joyas mientras busca únicamente un poco de entretenimiento. Esto es lo que me ha pasado esta noche cuando tras ver Enemigo Mío (una muy buena película de Wolfgang Petersen) aún no tenía sueño y he decidido ver The man from Earth.mfe

La película (que tiene una muy buena historia en su realización pues fue dicatada por su autor en su lecho de muerte a su hijo que consiguió llevarla a cabo) narra como un profesor de universidad que se dispone a abandonar su actual vida cuenta a sus colegas -en una reunión de despedida- como realmente es un cavernícola de 14.000 años que ha sobrevivido sin envejecer durante siglos, viviendo un montón de vidas y viajando y cambiándose de lugar de vez en cuando.

Partiendo de esta premisa se explora la psicología humana, el miedo a la muerte, la religión y muchas más cosas. Si bien la película es sencilla en todos sus aspectos y el guión flaquea en un par de puntos es una obra magistralmente rematada y un espejo en el que los buenos guiones deberían fijarse para aprender algo.

En definitiva una pequeña joya que todos deberíamos ver.

La mayoría de vosotros ya lo habréis visto -incluso antes que yo muy probablemente- pero llevo siguiendo esas imágenes, dando consejos sobre como montarlas, escuchando los enésimos cambios de estilo y, en definitiva, esperando que saliese algo decente de una idea que surgió hace 10 años y que ha sido grabado en muchos sitios y momentos.

CUANDO ÉRAMOS REYES (Documental sobre el botellón) from SOÑADORES C.I. on Vimeo.

Creo que soy demasiado joven para añorar tiempos pasados.

El pasado lunes me llamó mi amigo David Yáñez para preguntarme si quería participar en su próximo cortometraje “Las tierras baldías” que era una continuación de “El errante” rodado hace algunos años. He de decir que en un principio no me apetecía una mierda, hace años que no le ayudaba en ninguna película y trabajar en cine es cansado, muy cansado, pero cuando me dijo que tenía productora, unas localizaciones cojonudas y al actor perfecto para el papel me dije que coño, es uno de mis mejores amigos y finalmente acepté.

El jueves por la tarde me recogió y juntos hicimos los casi 400 km que separan Cáceres de Cádiz. En un principio todo pintaba bien, el alojamiento un poco cutre pero lo importante era el corto. Sin embargo al amanecer del primer día de rodaje todo fue de mal en peor: el sonidista falló, no teníamos todo el atrezzo necesario, la producción era nefasta y, para más inri, hacía un calor del carajo.

El caso es que tras tres días de rodaje por fin estoy en casa y no puedo decir que las cosas hayan salido bien. Tenemos bastante material grabado pero no es especialmente bueno y ha habido que improvisar demasiadas cosas sobre la marcha lo que en nuestras antiguas producciones (La película sin título, Jugar según las reglas y El comando Baker) estaba bien pero que para el nivel de profesionalidad con el que se suponía que ibamos a trabajar no es aceptable. Entendámonos, por mí no hay ningún problema: he pasado un fin de semana cojonudo (un poco caluroso, pero bueno) con uno de mis mejores amigos al que últimamente veo más bien poco y lo he hecho dando rienda suelta a uno de mis hobbies, pero ese es el problema, que para mí es un hobby y no me mata el fallar pero para Yáñez y, en principio, para la productora es un trabajo y desde luego la parte de producción no ha sido capaz de dar lo que se esperaba de ellos.

Voy a seguiros. Os haré dar rodeos por ciénaga, mata, espino y chaparro. Caballo unas veces, otras seré perro, oso sin cabeza, cerdo y fuego fatuo que relinche, ladre, ruja, gruña y arda cual caballo, perro, oso, cerdo y llama.