Si bien el proceso de Bolonia tiene muchas cosas malas -en las que no voy a entrar ahora- parte de sus consecuencias son buenas y el no querer verlo demuestra la clase de gente que son la mayor parte de los miembros de los sindicatos de estudiantes:

  • Que la formación del profesorado pase por un máster de 60 créditos en vez del ridículo C.A.P. que hay que cursar ahora es bueno. Mejorará la preparación de los futuros profesores de secundaria y, si por mi fuera, duraría dos años en vez de uno.
  • El incorporar el modelo de becas-préstamo tiene algunas ventajas: con la misma cantidad de dinero público podrán financiarse a más estudiantes -ya que gran parte del dinero volvería en años siguientes- y si lo hacen como con el préstamo renta universidad -que sólo devuelves cuando cobras suficiente para devolverlo- me parece una muy buena iniciativa -aunque debería usarse como complemento a las becas tradicionales.

En definitiva, quejémonos por Bolonia, pero con cabeza, con cabeza.

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